ANSIEDAD Y ALIMENTACIÓN

¿Qué es la ansiedad y porqué nos está afectando en el aislamiento?

La encuesta del otro día reflejaba que muchos de nosotros teníamos síntomas de lo que se conoce como ansiedad.  Algunos de ellos son la intranquilidad, sensación de peligro, dificultades para conciliar el sueño…

¿Pero qué es realmente la ansiedad?

La ansiedad podría definirse como una vivencia física y emocional que experimentamos ante situaciones que calificamos como peligrosas. Al considerar que estamos viviendo algo peligroso y que puede generarnos un daño (tanto físico como emocional) nuestro sistema se activa para reaccionar ante ello y poder hacerle frente.

Un ejemplo que ilustra muy bien como funciona la ansiedad es el siguiente: un cervatillo, ve como un león le acecha. El animal entiende esa situación como un peligro real e inminente y su organismo activa el estado alarma (ansiedad) para poder afrontar esta amenaza y salvar su vida. Este estado de alarma hace que su corazón aumente las pulsaciones, bombee sangre rápidamente y le permite correr a gran velocidad y salvar la vida. Cuando el peligro (león) desaparece de esta escena, el organismo del cervatillo desactiva el estado de alerta y todo vuelve a la normalidad.

La ansiedad le ha permitido adaptarse a la situación y le ha salvado la vida.

Entonces ¿Por qué nos genera tanto malestar ese estado “ansioso” a las personas?

Porque a diferencia de la situación anterior, las amenazas a las que nos enfrentamos normalmente no son tan visibles como ese león y tampoco desaparecen de un momento a otro, si no que nos acompañan durante largos periodos de tiempo a través de nuestros pensamientos.

Un ejemplo mas humano, podría ser un examen o una reunión importante con la directiva de tu empresa. La activación que nosotros experimentamos ante esta situación no aparece únicamente en ese preciso instante, si no que la anticipamos a través de nuestros pensamientos, días e incluso meses antes.

Esto hace que nuestro organismo active este estado de alerta durante periodos largos de tiempo, lo que termina por producir un deterioro y un desgaste tanto físico como emocional. Ya que estamos preparado para afrontar la ansiedad puntual, pero no la prolongada.

Os recomiendo, un episodio de un documental de Netflix en el que se explica de manera sencilla y más detallada cómo afecta la ansiedad a nuestro cuerpo y a nuestra mente: https://www.netflix.com/es/title/81098586

¿Qué nos está ocurriendo ahora?

Actualmente la situación de alerta debida al COVID-19, supone una situación de peligro real ante la que nuestro organismo responde intentando dotarnos de los recursos necesarios para afrontarla. Lo que no sabe reconocer nuestro cuerpo, es que es una situación que escapa a nuestro control y ante la que no podemos, por el momento, encontrar otra solución para que termine. Más allá de lo que ya estamos haciendo.

Por eso nuestro sistema mantiene ese este estado de alerta constante, y por eso es muy probable que experimentemos síntomas como:

  • Agitación o nerviosismo
  • Facilidad para fatigarse
  • Dificultades para concentrarse
  • Irritabilidad
  • Tensión muscular
  • Trastornos del sueño

¿Os resultan familiares?

Entonces, ¿Quiere decir esto que no vamos a dejar de experimentarlos?

Si entendemos la ansiedad como lo que realmente es, una respuesta adecuada y adaptativa ante una situación de alarma, podremos llegar a la conclusión de que durante este tiempo es muy probable que experimentemos estos síntomas.

Sin embargo, podremos actuar para aprender a gestionar esta situación y disminuir el malestar que nos está generando. Sin olvidar que es TOTALMENTE NORMAL que experimentemos estas sensaciones.

En el post que publiqué la semana pasada, os compartí unas recomendaciones generales sobre cómo actuar para gestionar la situación de aislamiento de la mejor manera posible. ¡Os animo a que le echéis un vistazo!

Pero en el artículo de hoy, no he podido evitar centrarme en un tema que nos está preocupando mucho durante estos días y en algunos casos, está ayudando a aumentar nuestros niveles de ansiedad, la alimentación.

¿Cómo afecta la ansiedad a la alimentación?

Entre los posibles síntomas a experimentar como consecuencia de la ansiedad, la ingesta compulsiva o los atracones no aparecen entre ellos. Entonces, ¿Por qué a muchos nos ocurre esto?

La respuesta es que este cambio en la ingesta no es una consecuencia directa de la ansiedad, sino que es una estrategia de afrontamiento que usamos algunas personas para calmar ese estado de nerviosismo. Allí donde otras personas pueden usar, por ejemplo, el tabaco para gestionar su ansiedad, algunas usamos la comida.

Esto ocurre por dos razones. La primera es que la alimentación, al igual que la reproducción, es un instinto innato, por lo que complacer este deseo primario, siempre nos resulta placentero. Comer, supone para nuestro organismo un refuerzo positivo.

Y, en segundo lugar, el hecho de comer en sí mismo, produce en nuestro organismo un descenso del nivel de activación para dedicarlo a la digestión del alimento. Provocando una sensación de relajación placentera e incluso ganas de echarte una siesta.

Además, hay otro dato curioso al respecto. Cuando durante estos días, sentimos esa “ansiedad por comer”, no aparece ante todos los tipos de alimentos. No nos sentimos atraídos por alimentos como las verduras, si no que preferimos alimentos más palatables, con más sabor y con muchas más calorías, como dulces o alimentos fritos. Los que casualmente, están relacionados con los centros del placer del cerebro.

Así que si estos días, comes más y peor, ya sabes por qué: estas intentando gestionar las sensaciones que te provoca la ansiedad a través de una acción que te reporta gratificación inmediata, la comida. Por eso, entiende que es una situación excepcional para la que no estamos preparados y para la que intentamos buscar la mejor solución posible. Y por favor, ¡no te culpes!

¡Pero que no cunda el pánico!

Aquí van algunas recomendaciones que puedes probar para disminuir estos episodios de ingesta compulsiva:

  1. Mantén las rutinas de alimentación: horarios, numero de comidas…
  2. Si te notas ansiosa ante la comida, intenta practicar algún ejercicio de relajación. (Por ejemplo, una serie de respiraciones)
  3. Practica la alimentación consciente. Evita comer con distracciones, televisión, música… céntrate en la comida y en cómo responde tu cuerpo.
  4. Come despacio, sin prisa. Eso facilitará que tengas la sensación de estar saciado.
  5. Come siempre en el lugar que lo hagas habitualmente, no traslades por ejemplo la comida al sofá u otras estancias.
  6. Planifica lo que vas a comer e intenta ceñirte a lo que has planeado.
  7. Realiza una compra adecuada y no llenes tu casa de alimentos superfluos.
  8. Si en algún momento tienes un episodio de ingesta compulsiva, ¡no te culpes! Intenta saber qué lo ha desencadenado para así poder anticiparte y evitar que se repitan.
  9. Si en algún momento, esto comienza a generarte un malestar excesivo, contacta con un profesional.
  10. ¡No te pierdas nuestro siguiente post! En él nuestro nutricionista os propondrá unas pautas para planificar una alimentación saludable.

Carlota Bravo Ortega

Psicóloga en TÁNDEM Psiconutrición

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